Para quienes desconocen la militancia de izquierda, la imagen puede haber sorprendido. Para quienes conocen esa historia, fue la confirmación de algo elemental: la solidaridad no es un recurso discursivo, es una práctica política que se ejerce poniendo el cuerpo cuando el poder avanza con violencia.
Lo ocurrido expone, sin rodeos, el método del gobierno de Sadir y de la burocracia sindical cuando ya no pueden sostener el fraude por vías democráticas. La agresión contra docentes y representantes del pueblo muestra que lo que está en disputa no es un simple escrutinio, sino el derecho de la docencia a elegir libremente quién la representa.
En este marco, la defensa de Romero —y de cada docente agredido— es también la defensa de la democracia sindical y de la educación pública. La estrategia del gobierno quedó al desnudo: disciplinar a quienes luchan y sostener una conducción servil, incluso a costa de golpes, atropellos y persecución.
La masiva expresión de apoyo a la Lista Multicolor dejó al gobierno sin argumentos. Cuando ya no alcanzan las maniobras —no contar votos, manipular el escrutinio, bloquear el ingreso de fiscales—, aparece el recurso final: la violencia. Y frente a eso, la respuesta no puede ser el miedo ni la resignación, sino más organización, más unidad y más lucha.
En este sentido, vuelven a cobrar vigencia las palabras de Myriam Bregman en el acto realizado en Jujuy meses atrás:
“Tenemos que organizar esa fuerza en cada barrio, en cada escuela, en cada lugar de trabajo y en cada pelea. Cada uno de nosotros tiene que asumir esta tarea como propia.”
Lo que ocurrió en las elecciones de CTERA confirma esa necesidad. Ayer, estudiantes y trabajadores de los comités acompañaron a la docencia, mostrando que la bronca puede transformarse en fuerza colectiva. Esa unidad tiene que expresarse este 19 de septiembre en la Gran Marcha de la Bronca, en todo el país y, de manera decisiva, en Jujuy.
Porque es en la organización de la clase trabajadora donde se prepara la fuerza para pelear por un paro general que permita frenar el plan de Milei y de gobernadores como Sadir, alineados con los grandes empresarios y el FMI. La docencia ya demostró que no está sola: cuando se organiza, se abraza y lucha, la bronca se convierte en una fuerza capaz de vencer.
