En los últimos días se desarrolló un paro de 72 horas que, pese a los intentos de los medios afines al gobierno por minimizarlo, se sintió con claridad. No hace falta un estudio técnico para comprobarlo: basta con tomar un colectivo en hora pico y ver la ausencia de estudiantes. Las escuelas funcionaron de manera irregular lo que confirma un acatamiento significativo.

Lo que sí resulta llamativo —por lo burdo— es el intento del gobierno, a través del Ministerio de Educación y de la ministra Daniela Tesseira, de construir una realidad paralela. No se trata solo de desestimar la lucha docente, algo que ya es habitual, sino de presentar una versión ficticia de la situación económica, del conflicto gremial y del acatamiento al paro. Como si los jujeños no pudiéramos comprobar por experiencia propia que la crisis es profunda, que el reclamo docente es legítimo y que nuestros hijos no tuvieron clases. Son mentiras deliberadas, y se notan.
También se nota que Sadir parece decidido a repetir los errores de su antecesor. Subestima a un sector social con enorme peso simbólico y político: la docencia. Un sector que, no hay que olvidarlo, fue clave en la movilización contra la reforma constitucional de 2023, cuando su lucha salarial coincidió con el rechazo masivo a los cambios impulsados por Gerardo Morales. La docencia no terminó de “enterrar” aquella gestión, pero sí aportó una buena cantidad de clavos para cerrar el cajón.
A esto se suma el grosero error de mantener intervenida ADEP y evitar llamar a elecciones, a casi un año de haber irrumpido en la vida interna del sindicato. La intervención tuvo un objetivo claro: impedir que la organización docente más grande de la provincia recuperara una conducción fuerte y opositora. Hoy, esa comisión directiva desplazada se está convirtiendo en referencia no solo para los docentes, sino para muchos jujeños que ven en la lucha educativa una esperanza frente al deterioro general.
A simple vista, la docencia vuelve a envalentonarse. Y como suele ocurrir, el bolsillo moviliza más que cualquier afinidad política. Los gremios ya anunciaron su adhesión al paro nacional convocado por CTERA para el lunes 3 de agosto, y tanto CEDEMS como ADEP realizarán asambleas este fin de semana para actualizar los planes de lucha.
El conflicto docente no solo persiste: se profundiza. Y mientras el gobierno insiste en negar la realidad, la sociedad jujeña la vive todos los días.
La interna que no le importa a casi nadie
La interna del Partido Justicialista jujeño transcurre en un encierro que parece no tener fin y que, en el camino, terminó anulando el ADN histórico del peronismo: la lucha por la justicia social, la defensa de los trabajadores y la soberanía de los pueblos. Desde hace meses, nadie dice nada sobre la realidad social que atraviesa a los jujeños de a pie —no de los sectores económicos ni empresariales— como si la falta de conducción también hubiera apagado la vocación de liderazgo de muchos “buenos” peronistas de la provincia.

A horas de la presentación de listas para la elección interna, ya se sabe quién tiene las de ganar: Rubén Armando Rivarola, el mismo dirigente cuya gestión derivó en la intervención del partido. Rivarola logró un acuerdo de unidad con casi todos los sectores: Jenefes, Fellner, Haquim, Chaher, Snopek. Quedó afuera el sector de los Moisés, quienes promovieron la intervención y que, pese a negociaciones que por decoro no se detallan, terminaron diciendo públicamente que ofrecieron alternativas que “no lograron síntesis”. Así volvieron a exponer una polarización pobre y repetida: el peronismo de los negocios versus el peronismo que dice plantarse. Y como justificación, estrategias berretas sobre cómo “ganar en 2027” y “recuperar la provincia”, cuando está claro que hace tiempo dejaron de interpretarla.
En definitiva, es un proceso necesario para un espacio histórico de Jujuy, pero que no logra aggiornarse ni a la realidad social ni a las demandas organizativas actuales. No es que falten buenos militantes —los hay en todos los sectores— sino que el peronismo jujeño, como muchos partidos tradicionales del país, sigue atrapado en estructuras verticalistas sostenidas por poder económico. Son expresiones de una clase dirigente que define el futuro del espacio y que, si no son ellos, serán sus hijos y los hijos de sus hijos. Cambian las caras, a veces; la esencia, casi nunca.
La pregunta ahora es si lo que arroje este proceso representará a la gente. En redes ya se vio a muchos jujeños decir que no se sienten identificados con ninguno de los espacios en pugna. Ni con Rivarola, por su acompañamiento ciego a la gestión radical y su rol clave en el reparto del poder político, judicial y económico. Ni con Moisés, por su alineamiento sin matices con las políticas de Javier Milei. De hecho, en los últimos días fue señalada como una de las senadoras que podría acompañar la ley de extranjerización de tierras el 6 de agosto, pese a que dentro del propio Senado el bloque Convicción Federal —que integra— presentó un dictamen de minoría que mantiene los límites vigentes de la ley 26.737 e incorpora la figura de “Zonas de Interés Estratégico” para tierras en fronteras y áreas de riesgo ecológico.
Así está el PJ jujeño: atrapado en una interna que no le importa a nadie, desconectado de la realidad social y lejos de representar a quienes debería defender.
