El museo como excusa

Morales arrancó hablando de la inauguración del Museo Lola Mora, una obra que reivindicó como parte de su “gesta” de gobierno. Desde ahí abrió el abanico: infraestructura, salud, matriz productiva y, por supuesto, la reforma constitucional de 2023, a la que volvió a llamar “una gran reforma”.

La insistencia no es menor. La reforma fue uno de los episodios más conflictivos de su gestión, con protestas, cuestionamientos y tensiones institucionales. En la entrevista, incluso se animó a decir que hubo un intento de golpe de Estado del kirchnerismo, aunque evitó profundizar en esa acusación. En cambio, prefirió presentar la reforma como una herramienta moderna, capaz de regular temas actuales como la inteligencia artificial. La jugada discursiva clave para transformar un hecho polémico en un avance institucional.

El exgobernador también se refirió a la situación actual de la provincia. Sostuvo que Jujuy es “una provincia equilibrada”, con sueldos al día y una administración responsable. Reivindicó la transformación de la matriz productiva y la infraestructura en salud, y se mostró como el arquitecto de un modelo que —según él— continúa funcionando.

Distancia pero sin romper

En el plano nacional, Morales dijo que los cambios macroeconómicos realizados por Milei eran necesarios, pero advirtió que “la micro está fallando” y que “la gente está muy mal”. Criticó la falta de políticas para acompañar a la población y lanzó una frase que buscó marcar distancia: “Qué bueno que no estoy en el gobierno porque estaría a las trompadas”. Con esto, sin duda, intentó mostrarse más combativo que Carlos Sadir, aunque al mismo tiempo lo señaló como “buen administrador” capaz de negociar con Nación.

Aquí a las claras Morales trató de marcar identidad propia sin romper con el oficialismo provincial.

La política en crisis

Morales también opinó sobre la situación política nacional. Fue tajante al describir el estado de la UCR: “Estamos mal, prácticamente destrozados”. Extendió el diagnóstico al peronismo y a la política en general, señalando que la llegada de Javier Milei expresa un fracaso de los partidos tradicionales y marcó la necesidad de una renovación dentro de cada espacio.

Pero su crítica más dura fue para el kirchnerismo. Lo acusó de “hacer mucho daño”, de “intentar un golpe de Estado a su gestión” y de ser “grandes delincuentes”.

El ex gobernador insistió en que la reconstrucción democrática requiere la renovación del radicalismo y del peronismo sin el kirchnerismo, pero evitó hablar de su propia responsabilidad en el desgaste de la UCR, tanto a nivel nacional como provincial.

Para finalizar, aunque aseguró estar “bastante alejado de la actividad política”, la entrevista mostró lo contrario. Morales reaparece, ordena su relato, defiende su legado, marca diferencias y opina sobre el futuro de su partido y esto no es un gesto aislado: es una movida política que muestra que no volvió para recordar el pasado. Volvió para intentar influir en el presente.