La protesta se distinguió por un activismo concreto y sostenido, con fuerte anclaje en el interior de los gremios y en las organizaciones políticas de izquierda, pero también con la sociedad en su conjunto. Estos espacios asumieron el desafío de difundir las verdaderas implicancias de la llamada “modernización laboral”, transformando la movilización en un ejercicio de conciencia colectiva y resistencia frente al ajuste.

En esta oportunidad, pusieron el cuerpo gremios que antes conformaban la Intergremial —ya disuelta tras la aprobación de la reforma constitucional y su conversión en la Multisectorial que también perdió fuerza luego del último proceso electoral— y que ahora se reagrupan en nuevas articulaciones. Entre ellos, el Centro de Docentes de Enseñanza Media y Superior (CEDEMS), la Asociación de Educadores Provinciales (ADEP) encarnado en el Hormiguero Docente, el Sindicato de Empleados y Obreros Municipales (SEOM), la Asociación de Profesionales Universitarios de la Administración Pública (APUAP) y la Asociación de Docentes e Investigadores de la UNJu (ADIUNJu). Espacios que en la oportunidad confluyeron junto al Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), que integra a ATE, UOM, Aceiteros, Aeronáuticos y otros gremios.

Esta parte de la movilización, limitada en número por el paro de la UTA que afectó el transporte, se identificó bajo la consigna: “Aumento salarial ya, no a la reforma laboral de Milei”. Con ello, se tendió un puente necesario entre lo que implica el modelo económico del gobierno nacional —que lleva implícita la reforma laboral— y su aplicación en las provincias, donde gobernadores aliados como Carlos Sadir no solo aportan votos para la aprobación de las medidas, sino que replican con rigor la receta del ajuste.

En este contexto, resulta clave destacar que el último ofrecimiento salarial en Jujuy a los estatales fue de apenas un 10% en cuatro tramos, un número incluso inferior al índice de inflación que se utiliza como referencia.

Lo más significativo de la jornada fue la contundencia del CEDEMS, que se posiciona ya como actor político además de gremial. El sindicato no sólo impulsó la organización de una Asamblea Permanente contra la reforma laboral junto a las bases —en contraste con gremios más jerarquizados, encumbrados, titulados y bien diferenciados de las “bases”—, sino que se consolidó como uno de los engranajes más sólidos para aglutinar al sector gremial más activo de la provincia.

Por esta razón, el CEDEMS se perfila como una referencia política de oposición en Jujuy, capaz de articular demandas gremiales con un posicionamiento crítico frente al modelo económico nacional y su correlato provincial. Todos lo reconocen, y ahora el gremio se encamina hacia un doble desafío: mantener la contundencia en la negociación salarial y enfrentar el cimbronazo que significará la nueva Ley Educativa que el gobierno nacional está próximo a ingresar en Diputados para su tratamiento.

Ante este escenario, las bases docentes, sin ingenuidad, saben que se avecinan tiempos difíciles y bajo una lógica que algunos ven como utilitarista, sostienen una conducción gremial combativa, adecuada para enfrentar los desafíos actuales y necesaria para defender la educación pública y los derechos laborales en la provincia.

La línea de resistencia gremial a la reforma laboral

Un balance oportuno fue el del secretario general de APUAP, Nicolás Fernández, quien reconoció que, si bien la capacidad de movilizar masivamente se vio afectada por el paro del transporte, “se hizo una marcha muy buena, muy grande, con un alto acatamiento provincial que demuestra que es posible la unidad entre los sindicatos que queremos derrotar la reforma en el Congreso y en las calles”.

En esta línea, Fernández subrayó la necesidad de que los sindicatos estén a la cabeza de la lucha, difundiendo con claridad las consecuencias de la ley. Para él, deben ser los gremios quienes discutan con sus afiliados la impronta de esta reforma y, junto a las centrales sindicales, salir a enfrentarla. Además, comenzó a delinear una hoja de ruta en caso de que la iniciativa sea aprobada: resistir, porque “es una lucha que recién empieza”.

Fernández no es el único que piensa así. La idea ya está instalada en otros espacios gremiales, donde dirigentes remarcan la necesidad de retomar experiencias de unidad como la Intergremial, para resistir la implementación de la reforma en el sector público. En este sentido, muchos miran en retrospectiva la acción sindical de los años ’90, cuando la resistencia gremial se convirtió en un dique frente a las políticas de ajuste y precarización.

La otra cara de la protesta: Asamblea Permanente contra la Reforma Laboral

En el marco de la Asamblea Permanente contra la Reforma Laboral, partidos y organizaciones de izquierda destacaron el alto acatamiento del paro, favorecido por la medida de la UTA que paralizó gran parte de la actividad laboral y el tránsito en el centro de la ciudad. 

El diputado del PTS-FITU, Alejandro Vilca, señaló que no sorprende que el gobierno nacional busque aprobar la reforma, en alianza con gobernadores como Carlos Sadir y bloques cómplices. Si bien reconoció el giro político que significó la convocatoria al paro de la CGT, criticó que esta no haya movilizado, apostando a un paro pasivo. “Fue la difusión del paro lo que permitió que miles de trabajadores salieran a las calles en todo el país y lo transformaran en un paro activo”, afirmó.

Asimismo fue contundente al remarcar que el paro activo lo garantizaron gremios, movimientos sociales y partidos políticos que sí se movilizaron. Vilca también destacó el apoyo en la calle de comerciantes, vecinos y trabajadores de distintos sectores, reflejando un rechazo popular amplio a la reforma laboral.

“El malestar no se dirige sólo contra la reforma, sino también contra la situación económica: salarios bajos, inflación persistente y falta de empleo genuino”, subrayó. Para él, la jornada dejó en claro que la resistencia no se limita a los sindicatos, sino que se expande hacia la sociedad, donde crece la bronca frente a un modelo económico que precariza y ajusta.

La calle como escenario de resistencia frente al ajuste

No cabe duda de que el cambio de modelo económico promovido por el gobierno ya se siente con crudeza: el cierre de más de 26 mil pymes, la pérdida de 200 mil puestos de trabajo registrados y las suspensiones en la industria son señales de un ajuste que golpea directamente a trabajadores y comunidades.

En este escenario, la resistencia gremial y social no aparece como un gesto aislado, sino como una respuesta necesaria frente a un rumbo que precariza y desmantela derechos conquistados. La pregunta que queda abierta es cuánto margen tendrá el gobierno para sostener este camino hasta mostrar resultados positivos —si es que estos llegan—, mientras crece la bronca social alimentada por salarios bajos, inflación persistente y la falta de empleo genuino.

La jornada en Jujuy dejó en claro que la calle sigue siendo el espacio donde se disputa el modelo de país: entre quienes defienden la dignidad del trabajo y quienes apuestan a un ajuste que ya muestra sus consecuencias más duras. La resistencia, entonces, no es solo sindical: es política, social y cultural, y se proyecta como el verdadero contrapeso frente a un modelo que amenaza con profundizar la desigualdad.