Ya en el escenario, Bregman trazó un recorrido por las luchas que marcaron la historia reciente del país hizo mención de los 30.000 detenidos-desaparecidos, la resistencia de los pueblos originarios, la pelea de las mujeres por sus derechos, la defensa de los territorios frente al extractivismo y, en el caso jujeño, la lucha contra la reforma constitucional y los conflictos obreros más recientes.
La diputada fue la última oradora de una lista que incluyó al anfitrión Alejandro Vilca, a Alejandra Arreguez (PTS Tucumán), a Keila Zequeiros (Juventud del PTS) y a quienes condujeron el acto: Natalia Morales y el histórico referente ceramista de Zanon, Raúl Godoy.
En su intervención central, Bregman llamó a impulsar la construcción de un partido de la nueva clase trabajadora que enfrente las políticas del gobierno de Javier Milei y planteó la necesidad de organizar comités de lucha en cada sector.
Bregman es una histórica militante del PTS, abogada de derechos humanos y figura nacional por sus intervenciones en el Congreso que durante el acto en Jujuy remarcó que la izquierda fue oposición desde el primer día al plan neoliberal del gobierno.
Cabe destacar que sus discursos generaron fuertes reacciones del oficialismo —incluido el propio presidente— y la ubicaron en el centro del debate público. En los últimos meses, diversas consultoras la midieron con alta imagen positiva y la incluyeron entre las figuras con proyección presidencial.
Un interés nuevo por la izquierda

En diálogo con los medios, Myriam Bregman destacó que existe “un interés nuevo en la gente por la izquierda”, que atribuyó a que fueron quienes enfrentaron a Javier Milei “desde el primer momento, sin especular y sin hacer lo que se hizo siempre: pactar, dejar que aplique el ajuste y que se haga el trabajo sucio para después volver tranquilos. Nosotros tomamos una opción muy distinta”, afirmó.
Tanto en sus declaraciones a la prensa como en su intervención durante el acto, Bregman remarcó que el Frente de Izquierda fue oposición consecuente desde el inicio del gobierno libertario porque conocían el alcance del plan neoliberal impulsado por Milei, al que comparó con el que hoy enfrenta el pueblo boliviano. “Son las medidas que dicta el FMI”, sostuvo.

La dirigente también puso el foco en la grave situación económica que atraviesa la mayoría de la población, con salarios que no alcanzan y un deterioro generalizado de las condiciones de vida. “La vida se volvió insoportable para los sectores trabajadores”, advirtió.
Según Bregman, el país atraviesa un momento clave, en el que ya se observan las consecuencias del programa económico del gobierno. “Muchos se quieren reubicar y otros aprovechan para acelerar junto a Milei y terminar el saqueo que vinieron a iniciar”, señaló. En ese marco, cuestionó el rol del oficialismo y de sus voceros: “Cuando uno tiene que hacer un saqueo rápido, el personal político que lo ejecuta es descartable. Por eso estamos viendo los escándalos de Adorni, de Libra. Es un personal político que sabe que no tiene mayor futuro, que está siendo usado para llevar adelante este saqueo económico, social y hasta moral”, destacó.
¿Presidenciable?
En este punto la referente del PTS destaco que es muy temprano para hablar de candidaturas y que están muy concentrados en dar la pela contra Javier Milei. Sin embargo, destacó que la realidad se impuso y que no van a dejar de dar la pelea en ningún terreno, “incluido el electoral”. Por eso yo pongo mi candidatura a disposición como Alejandro y todos mis compañeros”.

Un Mileismo sin Milei
Durante su intervención, Bregman advirtió que distintos sectores del poder económico y político ya están trabajando en una alternativa que preserve el proyecto de Milei aun sin Milei. Señaló que “empiezan a preparar variantes para un mileísmo sin Milei”, con el objetivo de proteger lo que consideran sus conquistas en el tiempo que llevan en el gobierno.
“Si Milei, Karina, Adorni y toda la banda que los acompaña se tienen que ir como ratas por tirante, lo que quieren preservar es el programa que vinieron a imponer”, afirmó. Según la diputada, esos sectores están dispuestos a “entregar” al presidente si fuera necesario, pero no a renunciar al rumbo económico que impulsan junto al FMI.

En ese marco, mencionó que ya se observan movimientos dentro del propio oficialismo y de la oposición tradicional: “Despertaron a Macri porque lo necesitan, también a Bullrich, y también al peronismo. Por eso no sorprenden los votos cruzados en el Congreso, el apoyo a la reforma laboral, al RIGI o a la Ley de Glaciares. Desde esos espacios quieren enviarle una señal al poder real de que están dispuestos a garantizar el acuerdo con el FMI”.
Bregman subrayó que la izquierda está para marcar un límite claro: “Estamos acá para decir que no vamos a aceptar las órdenes de la embajada de Estados Unidos ni las del FMI”. Y llamó a mirar lo que ocurre en Bolivia, donde —según señaló— el pueblo enfrenta un plan económico similar: “Es un levantamiento popular contra un programa armado por el FMI. Nosotros y nosotras, colonizados nunca”.
Hacia un partido de la nueva clase trabajadora
Para finalizar, Bregman llamó a poner en pie comités de organización en todo el país, con el objetivo de que la simpatía hacia la izquierda y hacia las luchas que encarna no se diluya. “No nos puede pasar eso. Tenemos que organizar esa simpatía y esa fuerza”, sostuvo. Planteó que cada persona debe convertirse en parte activa de esa construcción, que debe extenderse “de Ushuaia a La Quiaca” para enfrentar al gobierno de Milei.
Explicó que estos comités deben servir para apoyar cada conflicto, porque “nadie más tiene que luchar solo”. Reivindicó la idea de que la salida es colectiva: “Nos salvamos creando comunidad, creando redes”. En ese sentido, propuso impulsar asambleas, coordinadoras y todas las instancias necesarias para recuperar los sindicatos. “No va más que los sindicatos estén en manos de traidores como la CGT, que se va de viaje a Ginebra a reclamar ante la OIT mientras acá avanza el ajuste”, cuestionó.

Bregman insistió en que la tarea es recuperar sindicatos, centros de estudiantes y todas las organizaciones de base, con un horizonte claro: “Nuestro norte sigue siendo la huelga general para derrotar a Milei, a todos sus cómplices y al FMI”.
Además, señaló que estos comités deben abrir la discusión sobre la necesidad de construir una herramienta política propia de la clase trabajadora. “Necesitamos nuestra propia herramienta política. Queremos debatir con todos y todas cómo poner en pie un nuevo movimiento histórico. Queremos ser la cabeza de una nueva sociedad, no la cola de un movimiento que maneja otro”, afirmó.
Planteó que ese partido debe expresar a la nueva clase trabajadora, diversa y atravesada por realidades distintas: sectores con derechos conquistados, trabajadores precarizados y una clase trabajadora cada vez más feminizada, donde las mujeres ocupan los peores puestos y con los salarios más bajos. “Tenemos que construir un movimiento para esta nueva clase trabajadora”, subrayó.
Finalmente, recordó que no se parte de cero: “Tenemos la fuerza del Frente de Izquierda”. E invitó a todos los sectores que integran el FIT, así como a intelectuales y artistas con los que vienen dialogando, a sumarse al debate y a esta propuesta de construcción política.

El PTS mueve primero
Como señaló Myriam Bregman, la propuesta de poner en pie un partido de la nueva clase trabajadora no parte de cero. Tampoco es una idea completamente novedosa: la construcción de una herramienta política propia de la clase trabajadora —con la izquierda unificada o sin ella, como parece ser el caso— forma parte de la estrategia histórica del PTS.
Bregman remarcó que existe una valiosa experiencia acumulada en el Frente de Izquierda e invitó a los partidos que lo integran a debatir esta iniciativa. Sin embargo, la lectura más evidente es que se trata de una propuesta de autoconstrucción del PTS, algo que difícilmente los demás espacios del FITU acepten integrar. Más aún: ni siquiera fueron convocados formalmente a hacerlo, y todo indica que tampoco lo serán.
Este movimiento no surge de la nada. Ya el 1° de Mayo, el PTS había dado una señal clara: decidió realizar su propio acto en Ferro, dejando al resto del FITU que organizara sus actividades por separado. No hubo invitación conjunta ni gesto de unidad; fue una demostración explícita de que el PTS está dispuesto a avanzar con su propia hoja de ruta, aun si eso implica profundizar la fragmentación interna. Lo que ahora aparece como propuesta estratégica ya venía insinuándose en los hechos.

En ese sentido, la iniciativa de Bregman se inscribe en un proceso más amplio: un paso decidido hacia la centralización del FITU bajo la conducción del PTS, un proceso que venía madurando y que ahora se explicita con mayor claridad.
No obstante, más allá de su creciente visibilidad mediática y del atractivo electoral que hoy genera en un contexto de desesperanza social, la propia Bregman lo dijo en su discurso: la verdadera prueba es organizar.
La situación es distinta en Buenos Aires, que será —punto y aparte— el escenario donde finalmente se defina qué ocurrirá con el FITU. En CABA, por ejemplo, donde el PTS concentra su mayor volumen militante, ya comenzaron las primeras reuniones de comités para debatir cómo transformar la simpatía hacia Myriam Bregman en una fuerza organizada y con proyección.
En Jujuy, el PTS dentro del Frente de Izquierda está políticamente consolidado. Tiene bancas, figuras instaladas y una presencia orgánica en el activismo provincial. Pero esa fortaleza electoral todavía no se tradujo en la capacidad de organizar y dar cuerpo al partido que ahora proponen.
La pregunta que se abre en el caso jujeño es otra: ¿Alcanzará la figura de Myriam Bregman para superar las expectativas que la población depositó en el FITU y que ahora recaen sobre el PTS? ¿Serán capaces de organizar a trabajadores de la salud, docentes, jubilados, vecinos y sectores populares para impulsar comités en sus lugares de trabajo y en sus barrios?
Ese es, justamente, el desafío que Bregman planteó: transformar la simpatía en organización, y la organización en una fuerza política capaz de disputar el rumbo del país. Veremos qué pasa.
