“Ya no queremos identificarnos con el radicalismo. Igual que el Gobernador”, disparan jóvenes del espacio, sin disimulo. La frase desnuda lo que se está gestando: una interna feroz contra la conducción provincial de la JR, que expone que las peleas de los “viejos de Capital” ahora también se trasladan a la juventud.

Mientras un sector insiste en reforzar la construcción dentro del radicalismo, otro busca abrirse, marcar distancia y levantar vuelo propio. La fractura es inocultable.

La pelea real: los espacios

Fuentes consultadas lo dicen sin rodeos: la interna es por cargos. La JR siempre fue semillero de candidatos, y hoy varios ocupan bancas. Pero las cabezas en Capital son muchas y los escaños limitados. Los que sienten que su tiempo en la juventud se agota están dispuestos a romper, aunque eso signifique dinamitar el espacio.

La ruptura ya no es un fantasma: es un hecho en marcha. El gris del nuevo logo no es casualidad, es símbolo de un radicalismo que se desdibuja, que se parte, y que amenaza con dejar a la juventud sin identidad, pero con ambiciones intactas.

¿Y qué pasa con la otra agrupación radical?

El mapa no estaría completo sin mencionar a Franja Morada, la histórica organización estudiantil universitaria del radicalismo. En los últimos tiempos, su crecimiento ha sido notorio, especialmente en la Facultad de Humanidades, donde lograron consolidar una presencia significativa y hasta meterse al Centro de Estudiantes con acuerdos con el peronismo.

Según las fuentes consultadas, Franja Morada se inclina más hacia la conducción de la JR Comité Provincia y, de hecho, varios de sus referentes forman parte de esa estructura. Sin embargo, tampoco están exentos de las tensiones que atraviesan al radicalismo: la grieta interna los afecta de lleno, y las disputas por alineamientos y cargos se convierten en un reflejo de las peleas mayores dentro del partido.

El síntoma mayor: el partido, partido

No sorprende nada. El radicalismo jujeño está quebrado en todos sus niveles, y sería sano comenzar a blanquearlo. Basta repasar las votaciones en el Congreso Nacional o mirar cómo el bloque de diputados del Frente Cambia Jujuy, dominado por radicales “gerardistas”, presentó un proyecto de municipalización de Alto Comedero sin siquiera dialogar con su intendente, Raúl “Chuli” Jorge, alineado con el Gobernador Carlos Sadir.

Y más aún: ya se habla de candidaturas para la intendencia de San Salvador de Jujuy que saldrían directamente de la Juventud Radical “gerardista”.

De esta manera, la Juventud Capital se alinearía con Chuli y Sadir, que buscan tender puentes con La Libertad Avanza y sectores del peronismo —donde ven más oportunidad—, mientras que la Juventud Radical Comité Provincia quedaría bajo el ala de Gerardo Morales y Jorge Rizzotti, intentando reforzar la estructura radical.

El resultado, sin embargo, es un radicalismo partido en dos: un sector que intenta reinventarse con alianzas externas y otro que se aferra a la conducción tradicional. El gris del nuevo logo no es casualidad: es la metáfora de un partido que se desdibuja, que se divide, y que amenaza con dejar a su juventud atrapada en la misma lógica de poder que desgasta al radicalismo desde hace rato.

No lo decimos nosotros: nos lo dicen a nosotros.

En fin, el radicalismo jujeño parece atrapado en una paradoja: se presenta como fuerza de gobierno, pero se desangra en internas que lo fragmentan en cada nivel. La juventud, que debería ser motor de renovación, reproduce las mismas lógicas de disputa por cargos y espacios que desgastan al partido desde hace décadas.

El nuevo logo en gris no es solo un cambio estético: es la metáfora de un radicalismo que pierde color, identidad y cohesión. La pregunta es inevitable: ¿será capaz el radicalismo de recomponerse como proyecto político, o quedará reducido a un mosaico de facciones que solo buscan sobrevivir en la pelea por poder?